LOS LIMITES DEL HUMOR (MUSICAL MONGOLIA 2.0. en Cartagena el 12/11/2016)

Cualquier persona que se interese mínimamente sobre la regulación legal de la expresión religiosa en “territorio español” (es decir, en un trozo del planeta tierra al que se le ha venido a denominar España) tal vez debería sumergirse en la Constitución. Al llegar al capítulo II, encontrará que este tiene por título un par de palabras muy hermosas y que invitan a una convivencia pacífica “DERECHOS Y LIBERTADES”, y en él podría encontrar en un adolescente artículo 16 el siguiente texto “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.”. Es decir, cualquier individuo, o colectivo de ellos, puede cultivar cualquier idea, y manifestarla, siempre y cuando no altere el orden público.

Vayamos pues al caso que nos ocupa. A mí me gusta pensar que es posible un mundo mejor y más justo en el que todas las personas tengan el mismo valor. Tengo razonamientos  puramente científicos que resumiría en “el planeta tierra es maravilloso, la vida es maravillosa, y cuando una vida muere para esa vida todo se acaba”. Yo para mantener viva la ilusión necesito sacar conclusiones de tanto pensamiento, y además tomar acciones, y si no estuviéramos en la era de los lemas que simplemente incluyen siempre un montón de palabras bonitas diría sin miedo a que sonase cursi “vivamos y convivamos disfrutando de la vida todo lo que podamos”. Tras analizar bien la hipótesis, creo que puedo concluir que una de mis religiones es “EL HUMOR”.

Comienzo mis reflexiones pensando en que ahora resulta que el humor tiene que tener límites más allá de los estrictamente necesarios para mantener el orden público. Pero esos límites se dibujan a gusto del ofendido, cuyo nivel de ofensa no tiene límites, porque el humorista no tiene derecho a pintar sus propios límites, si es el caso de que esos límites vayan a ofender al ofendido. ¡Qué lío!

Y en medio de un lío de esta índole nos vemos inmersos los que el pasado 12 de noviembre  queríamos disfrutar en Cartagena libremente de un espectáculo denominado “Mongolia Musical 2.0” que se anuncia con un cartel que supuestamente traspasa el límite de la ofensa de aquellos que profesan una religión denominada catolicismo. Y ese es el motivo por el que yo accedo a disfrutar de mi culto al humor entre pitos y abucheos de algunos de mis vecinos, parapetados por cuerpos pertenecientes a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, en este caso policía nacional.

Y yo me  pregunto ¿quién está alterando aquí el orden público, un grupo de humoristas que nos van a deleitar con sus ocurrencias a los que venimos voluntariamente a su espectáculo,  o los que en la calle nos pitan, nos gritan y nos abuchean porque quieren que todos profesemos el culto hacia las mismas imágenes que ellos han elegido?

Puesta ya en este estado de meditación, continúo haciéndome preguntas.  ¿Los agitadores de esta masa de vecinos que se ofende ante un simple cartel publicitario pertenecen a ese colectivo salpicado por tanta pederastia, que de vez en cuando aún tienen a bien de calificar como aislada dentro de su “secta”?. ¿Esos vecinos tan indignados viven en la misma ciudad en la que no se cuentan ni por centenares aquellos que salen a gritar en defensa de su educación pública, de su sanidad, de sus derechos laborales, de la protección a su medioambiente, de los derechos de los refugiados e inmigrantes, de la igualdad de género, de repulsa ante la violencia de género?

Sigo cavilando: justo enfrente del teatro donde se desarrolla este espectáculo de humor está el colegio de mi hijo de cinco años. Ocupa un edificio modernista, dicen que de incalculable valor cultural, (el patrimonial ya es otra cosa más fácil de tasar), para el que no hay dinero público, (como buen colegio público que es) para evitar que el edificio se convierta en unas meras ruinas, y que los niños que lo usan a diario tengan que pasar sus horas escolares en barracones instalados en el patio.

Es entonces cuando repienso por enésima vez que la educación es la única herramienta capaz de afianzar una mejora de la humanidad a su paso por este planeta, y recuerdo que no hace ni un mes, durante una jornada de huelga estudiantil  convocada para protestar contra una ley educativa regresiva e injusta, mis hijos mayores y sus compañeros, estudiantes de bachillerato que lo único que han notado de la dichosa LOMCE es que ahora a los estudiantes se les evalúa por estándares (que yo sepa se estandariza aquello que se fabrica en serie, no a la raza humana),  no obtuvieron la pertinente autorización para poder manifestarlo en las calles de Cartagena. Menos mal que el Excmo. Sr. Alcalde les dejó circular por la acera rumbo a la Asamblea Regional. Eso sí, debían ir ordenaditos, o de lo contrario les podrían aplicar la ley mordaza, esa de la que los ultracatólicos ultraindignados, muchos de ellos con apariencia y verborrea ultrafascista, parecen estar eximidos. Ellos pueden dejarse la ciudadanía en el sumidero mientras gritan como hinchas a la entrada de un teatro. Enfrente un grupo de ciudadanos les solicita educación, pero ellos y ellas parece que no saben de eso.

Ya me estoy empezando a indignar en este proceso reflexivo: ¿por qué cada año una semana primaveral que vinieron a adjetivar como santa yo tengo que sortear a una serie de encapuchados desfilando tras una imagen de madera a ritmo de tambor en las mismas calles que mis hijos no se han podido manifestar para reclamar más y mejor educación? ¿Por qué hay días que no puedo ni salir de casa porque, lo que también son mis calles, están tomadas por lo que esta gente denomina pasión. Quizá eso sea lo que les falte a todos ellos, a sus sentimientos y a sus sentires, pasión, pero de verdad.

Entre tanta reflexión estoy entrando casi en un estado de éxtasis por el enorme cabreo que me está invadiendo. Así que vamos con los ejercicios de relajación, y centremos las preguntas en lo esencial ¿quién está más loco, el que sigue creyendo en el liderazgo de un barbudo que ha hecho unas promesas hace más de 2.000 años que aún no se le han visto cumplir, o yo, y otros muchos que como yo, que tenemos múltiples líderes del humor sin límites ante los que nos rendimos a risotadas?

Pasen y vean

http://www.eldiario.es/rastreador/Canticos-religiosos-empujones-Mongolia-Cartagena_6_579952007.html

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